Acostarse a su lado, sin importar que estemos sobre el piso más duro y frío, es sentir que caerás en un delicioso sueño, dulce y suave; como si te mecieran entre los brazos del cielo.
Dormir a su lado es un dormir que no conocía sin él. Dormir acompañada, dormir con un calorcito, unas piernas que se entrelazan, espaldas que se encuentran y cuerpos que comparten las mismas sábanas revueltas.
Despertar a su lado es como despertarse con un fino rayo de luz, que no muy fuerte, se cuela por entre las cortinas. Abrir los ojos, despertar los sentidos y sentir su aliento. De nuevo se hace consciente el roce entre los cuerpos y las pieles tiernas se acarician.
Vivir a su lado es vivir intensamente con cada mirada y palabra. Querer vivir eternamente, no puedo, pero sí amaré eternamente, a este hombre que lo es todo para mí.