Thursday, September 28, 2006

Era demasiado. Fue una explosión. Sentí como si volviera a creer en las palabras. Como una chispa. En un instante que no abarcó más de un segundo, todo cambió. Leía y me tropezaba con palabras que no quería olvidar. Las anoté todas en una hoja de cuaderno rota, sobre apuntes de otras cosas ya olvidadas, sin orden ni cuidado para poder entenderlas más adelante. Palabras que variaban en tamaño y orden… algunas incluso pasaban encima de otras. Pero a pesar de eso, cada una de ellas había sido capaz de emocionarme de una extraña manera hasta el punto de querer grabarlas en alguna parte. De pronto sentí que tenía que escribir. Me pasa seguido que formulo en mi cabeza cosas que jamás llegaré a escribir… o por lo menos no ahora; me falta sincronizar bien mis pensamientos e ideas con la forma de poder expresar todo. Mi cabeza va siempre un paso delante de lo que alcanzo a escribir. Luego, queda un montón de palabras que tienen un pequeño porcentaje de las miles de cosas que me emocionaron en un instante como de “iluminación”. Me pasa que caminando suelo aislarme de todo… me encierro y camino aunque no sepa dónde estoy yendo. Y camino pensando las cosas más maravillosas y frágiles, y en cada paso todo da vueltas y se transforma en frases que me conectan con lo más interno de mi. Cuando quiero escribir todo eso, termino cortando un poco de aquí y de allá de lo que puedo recordar. Estoy cansada pero con una dosis de creatividad que extrañaba, que ya creía perdida. Fueron oscuros los días en que no pude escribir nada que me reflejara, en que no podía pensar más que en la angustia del mundo y la mía, era un encierro, me iba enterrando y los colores perdían la razón de ser y no dibujaba, aunque a veces lo hacia, pero no era más que copiar. Y me extrañaba. Y eso sola. Porque quien me escuchara en ese momento, intentando decir qué me pasaba, no me entendería. Me abrazó de a poco el desencanto y me enredó en las sábanas de mi cama para no salir más de ella. Si lograba salir era un gran esfuerzo… Entonces me paraba y el desencanto colgaba de mí todo el día. Era difícil levantarse, incluso después de dormir más de lo normal. No era flojera era un desgano que era parásito de mi sufrimiento. En eso me quedé mucho tiempo… sola. Hasta que me di cuenta de que siempre he sido solitaria. No porque yo quiera, si no porque las circunstancias me enseñaron así o puede que sea mi naturaleza. No realmente sola, pero sí solitaria. Siempre puedo estar acompañada, pero siempre hay algo que me desliga de la gente. No logro entregar todo lo que soy, tendría que sacarme la piel para hacerlo y mostrarme toda ensangrentada… Luego de alcanzar parte de mi naturaleza, me siento menos extraña y salgo del encierro, del ahogo y respiro, de nuevo lo miro todo y lo reviso con detalle. No puedo ser “optimista” y mirar el lado bueno de las cosas. Eso es mentirse. Lo miro todo y a veces pesa un lado “malo” más que otro, y a veces no. Ahora que mis palabras pierden fuerza, junto con mis párpados que se sienten más pesados, dejo que se pierda lo mucho que tengo que escribir para olvidarlo y poder descansar. Buenas noches.