Déjame caer hacia el infierno más cercano. Déjame y no me hables, no me toques que siento frío. Puede que solo caiga en el suelo de rodillas, puede que solo quede lejos de la realidad. Bien sé que real no soy, solo lo que creo sentir. Y ni eso sé. Ya no son palabras las que me alivian, son los dolores de las agujas que quieren salir de mi cuerpo. No hay melodía que me haga llorar lo suficiente, solo gritos estruendosos y desgarrados que se escapan como parte del sufrimiento. No quiero otro día, quiero un final; un corte que me dé vuelta los ojos y no me deje ver más.